octubre 05, 2012

Encuentro

Ya era tarde, casi de noche. El cansancio de la jornada, de la vida, de la realidad, pesaban en su frágil estructura. Se sentó en el rincón para que nadie le molestara y se puso los audífonos, mientras alternaba su mirada entre la ventana y un punto fijo en el espacio.

Subió varias estaciones después, con frío pero con suerte, porque prácticamente no tuvo que esperar. Al entrar miró hacia todos lados buscando un asiento libre, ahí fue cuando se vieron. Sus miradas se cruzaron una fracción de segundo, y con eso bastó para que ambos sintieran la necesidad vital de volver a mirarse. No esquivaron sus miradas, no disimularon, simplemente se escrutaron uno al otro.

El mundo parecía haberse detenido, las conversaciones de los pasajeros se mezclaban con sus pensamientos, que parecían escaparse, proyectarse en las paredes y en las ventanas. Aquella multitud de trabajadores grises y estudiantes opacos quebró la eternidad de aquel encuentro con su paso imperioso por llegar al hogar. Tuvo que avanzar entre la gente, perdiendo sus ojos para alcanzar el último asiento libre. Por más que intentaron recuperarse el uno al otro, por más que giraron la cabeza para verse, sus ojos no se encontraron.

Mirando a lo lejos la que supuso su espalda, pensaba en su cuerpo desnudo sobre la cama mientras leía algún libro. Imaginando que podía divisar su silueta entre la gente, pensaba en aquellas largas noches de lluvia jugando con su pelo. Un par de estaciones más tarde descendió, quedándose inmóvil frente a la ventana, con la esperanza de verle antes de partir y con la ambición de que ese primer encuentro entre sus pupilas no fuera el último.

junio 25, 2012

Recuerdo

¿Sabes? De vez en cuando recuerdo a esos muchachitos... o al menos creo recordarlos, quizá nunca hayan existido.

Soy el ahora

Soy el ahora, solo ahora
sin nombre ni apellido
ni recuerdos
ni historia
ni espacio ni tiempo
solo ahora

Soy el ahora sin aspiraciones
sin motivos ni razones
ni circunstancias
soy el ahora
sin miedo, pero sin ganas
sin sentido
solo ahora

mayo 17, 2012

Fríos

Hay fríos que no se solucionan con café, fríos que se acumulan, uno sobre otro se van apilando hasta construir una pared


abril 23, 2012

El libro

Érase una vez un libro perdido en la inmensidad del mundo. Cayó de algún bolsillo de un aficionado, o quizás del brazo de un estudiante soñador, fue lanzado al vacío por un indolente, depositado como ofrenda de algún filósofo víctima de una crisis de sentido, tal vez fue él mismo quien se lanzó al abismo tratando de redimir su alma de papel. Nadie lo recuerda. Los testigos, si es que los hubo, no le dieron mayor importancia al sacrificio, qué más da ver inmolarse a un libro roñoso y un poco amarillento. 

Permaneció largo tiempo ahí, entre los adoquines del abandono, observando la enormidad a su alrededor, sin poder creer que había tanto espacio fuera de su ensoñado mundo de páginas derramadas. Pensó, por un momento, que su universo era demasiado pequeño y quiso perderse en el infinito, alejarse de su vida de celulosa procesada y ver el mundo desconocido que habitaba fuera de su forro de cuero raído. Y así emprendió el viaje... 

Pasó de mano en mano, muchos encontraron en sus letras las respuestas a sus interrogantes, otros se fascinaron y hasta enloquecieron por sus palabras. Recorrió ciudades completas, se relacionó con gente buena y mala, vivió en los suburbios, fue amigo del demonio y un venerado dios le hizo su acompañante, fue celebrado un día para él y tuvo reconocimiento en muchos lugares donde iba. Sin embargo el mundo se le hizo vacío y grisáceo, la gente hipócrita y alienada, desprovista de alma y expectativas. Su sueño de un mundo más grande se fue trizando con el tiempo, como las hojas que formabas su cuerpo. La gente ya no se maravillaba con él, nadie lo leía, todos parecían preocupados por otras cosas, absorbidos por una caja con imágenes en movimiento o algo así. Parecía inverosímil, el mundo era tan hostil y ajeno.

Extrañó el mundo de tinta en sus páginas de ámbar, tan familiar, tan íntimo, tan propio. Ya no quiso ser otro autómata de aquel universo misterioso que le había olvidado con tanta facilidad, se cansó de esa vida decadente y se abandonó en un escaño de cualquier lugar... Fue ahí donde lo encontré. Lo tomé entre mis manos y levanté su vieja tapa, en la primera página había una breve dedicatoria que decía: “Solo en el transcurso de los silencios descubrimos que el mundo más inconmensurable es el que está dentro de nosotros”.


junio 09, 2010

Radiohead - Just

Me regalo en este día una de mis canciones preferidas de Radiohead y rememoro con ella el 26 de marzo del año pasado, la conclusión de un sueño de años frente a mis oídos.




"Don't get my sympathy hanging out the 15th floor
You've changed the locks three times, he still comes reeling through the door
One day I'll get you and teach you how to get to purest hell"


junio 08, 2010

Imperativo

Hey, tú. Te busqué, y al no encontrarte cerré los ojos e imaginé que te veía en la oscuridad. Sí, a ti, no a ti no, al de las gafas negras.

junio 05, 2010

La Casa de Asterión

Este cuento de Jorge Luis Borges es uno de mis preferidos en la vida, quizá porque yo también me siento un poco Asterión.





Y la reina dio a luz un hijo que se llamó Asterión.
Apolodoro, Biblioteca, III,I



Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito) están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aquí ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz  de la tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que ho hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, cro, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madra; no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera.


El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Loas enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprndiera a leer. A veces lo deploro, porque las noches y los días son largos. 

Claro que no me faltan distacciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suel, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos.) Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya verás cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.

No sólo he imaginado eso juegos, también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce [son infinitos] los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes, la casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris, he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce [son infinitos] los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo. 

Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensantgriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que alguna vez llegaría mi redentor, Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redeentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?
   
El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.


-¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió. 

febrero 19, 2010

Me fui por un año y se llenó de spams

He estado más de un año sin publicar nada en este medio, y en el transcurso de todos estos meses se me llenó el rancho de spams... lo que me hace temerle un poco a revivir el espacio virtual con algunas de las cosas que he pensado en este tiempo... quizá me arriesgue, no puedo pasar toda la vida jugando y viendo series en línea
Espero que algo mínimamente decente surja de este pseudo-renacimiento.

noviembre 18, 2008

Jay quería ser inteligente

Desde pequeña siempre quise saberlo todo, me interesaba por un sinfin de temas diversos y me maravillaba con cada cosa que lograba entender de la vida y del mundo. Quizá ahí surgió mi gran amor por la ciencia y por los libros, ahí fue cuando mi mundo conocido empezó a cifrar sus esperanzas académicas en mí. Terrible error, pienso ahora. Me iba bien, me encantaba estudiar (sigue gustándome hasta el día de hoy, sin embargo las motivaciones infantiles se diluyen cuando uno se comienza a poner viejo de espíritu) y disfrutaba de prácticamente todas las materias que pasaban en el colegio. Todo parecía un mundo gigante, inexplorado por una mente de escasos años que ve con mirada ingenua el conocimiento y pretende empaparse hasta con el más mínimo detalle de aquellos secretos que la vida le ha puesto ante los ojos. ¿Qué pasó en el camino? Tal vez solo se me vinieron las nubes negras encima y pensé que jamás iba a lograr entenderlo todo, y en vez de ser una motivación a la investigación, me convertí en una persona desesperada, desilusionada y nihilista. Ya no tenía sentido buscar los detalles, jamás iba a lograr saber todo lo que quería, jamás iba a lograr ser todo lo inteligente que soñaba. La niña que se tragaba libros desde los 4 años y se maravillaba con el universo se había perdido en un camino duro y rocoso, lleno de decisiones tomadas, quizá muy a la ligera, tal vez demasiado pensadas, con mucho cerebro y con poca alma. Y así esa niña que era la esperanza en el futuro se fue apagando, se volvió rutinaria y perdió el rumbo, ya no quería enfrentar los desafíos, se desdibujaba tras una imagen de superación ficticia y poco creíble. Jay ya no sabía ni siquiera si quería saber. Tal vez solo parecía inteligente, quizá nunca lo fue.