agosto 14, 2015
Mensaje
enero 16, 2015
Mamihlapinatapai*
noviembre 30, 2014
Todo cambia
octubre 05, 2012
Encuentro
abril 23, 2012
El libro
junio 05, 2010
La Casa de Asterión
Apolodoro, Biblioteca, III,I
El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Loas enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprndiera a leer. A veces lo deploro, porque las noches y los días son largos.
junio 01, 2008
septiembre 22, 2007
Tiempo
septiembre 20, 2007
Meditaciones de Baño
Y siempre ocurre que la inspiración me viene en los momentos más inesperados y menos oportunos, por ejemplo, hoy por la mañana, mientras me lavaba los dientes, vino a mi cabeza la imagen perfecta. No había ningún papel ni lápiz a varios metros a la redonda, además, hubiese sido complicado cepillar mi dentadura con la mano derecha, mientras con la izquierda plasmare en el blanco aquella imagen surrealista y etérea.
Me pasa también (generalmente en el momento de cepillarme los dientes) que encuentro las palabras precisas para decir(le) todo aquello que jamás lograré verbalizar frente a la mirada inquisidora de infante que tiene. Pienso en la situación y momento en el que manifestare mis sentires y pensares, el lugar, las condiciones atmosféricas, el diálogo, la luz… Lo pienso narrativamente, omniscientemente.
Esto de la inspiración durante los menesteres de baño se ha vuelto de una periodicidad inusitada; teorías electroquímicas, paradigmas filosóficos, teoremas matemáticos y de física cuántica, hipótesis filogenéticas, razonamientos lógicos, tratados lingüísticos, modelos astronómicos, manifiestos políticos, vanguardias pictóricas, poéticas, óperas, sinfonías, visiones premonitorias, vaticinios místicos, dogmas religiosos. Todo tipo de ideas se desarrollan en mi mente a la vez que el dentífrico es esparcido en movimientos ondulatorios por mis incisivos, caninos, premolares y molares.
El acto de cepillarse los dientes no tiene el solo fin de quitar residuos de comidas, sarro, placa bacteriana y eliminar el mal aliento, dejando la sensación de frescura en la boca (generalmente asociada al sabor a menta de casi todos los dentríficos) El cepillado dental es una especie de rito pagano, en el que (si tenéis la disposición y capacidad de concentración) podéis lograr estados catárticos producto de la meditación trascendental influida por el movimiento ondulatorio del cepillo en la boca.
El problema (nunca se está libre de algún problema) es que no se puede intercalar el ritmo en 3:4 del cepillado, los influjos chamanísticos (divinos si así queréis llamarles) de la pasta dental sabor a menta (¡y quién sabe si es solo menta o hay otras hierbas de por medio!) y la materialización textual de vuestros contenidos mentales; además, ya terminado el acto de higiene, no hay forma de recordar las ideas que pasaron por tu cabeza. Es como llevar una caja muy pesada y delicada (que requiere de ambas manos para ser trasladada) y sentir picor en la nariz. No podéis rascarte, porque la frágil carga puede caer y dañarse, y mientras menos posible es rascarse, la comezón es mayor; pero cuando ya tenéis las extremidades libres de acción, ya no hay necesidad que cubrir: El escozor se olvida. Lo mismo ocurre con las ideas, se pierden en el abismo del tiempo y de la mala memoria, se disuelven, quizás con el agua que escupes al enjuagar tu boca luego de la pasta dental…
Hoy tuve una revelación divina mientras me cepillaba los dientes. Veía la imagen más perfecta, el secreto del Universo, la fuente máxima del saber. Era una imagen sublime, la respuesta a todas las preguntas que jamás se han formulado, el principio y el fin, el alpha y la omega estaban frente a mis ojos. En medio de mi estupor quise plasmar aquella imagen, terminé de cepillar mi dentadura, cerré la llave del agua, me sequé las manos y corrí a buscar un lápiz y un papel. Cuando llegué y tomé el bolígrafo entre mis manos ya era tarde, no recordaba para qué lo necesitaba…
_____________________________________Cuento viejo y quizá en desuso, pero algo tengo que hacer mientras vuelven los tiempos mejores(?) ya que algunas polos presionan para que haya actualizaciones... (que nadie lee, ni siquiera ella misma)
junio 02, 2007
Paquidermo Efervescente
abril 10, 2007
Nocturna de Abril
enero 04, 2007
Re-Cuento
diciembre 14, 2006
Teléfono
noviembre 04, 2006
Este cuento aún no tiene título
octubre 16, 2006
Silencio
octubre 10, 2006
El primer día...
septiembre 11, 2006
Sin sorpresas
Cerró la puerta de golpe, no pensaba regresar. En sus bolsillos descosidos por el uso escondía sus manos azulosas de frío, y en su mirada de intenso gris, el reflejo del fatum. Caminaba de prisa, sin mirar atrás, sin ver lo que pisaba ni el paisaje alrededor. En la mano derecha, dentro del abrigo, apretaba un boleto de autobús, en la mente revolvía pensamientos inconexos y descabellados.
Los minutos colgaban de los faroles en las calles asfaltadas, caían a un ritmo constante con ese mutismo de tiempo ajeno, pero no lo notaba, seguía su viaje hacia un destino incierto. Su gélido rostro se alejaba cada vez más del color y del mundo, extraviado en la inagotable soledad de su partida.
Cada cierto rato sus ojos se depositaban en algún sitio sin darle mayor importancia, sin nostalgia, sin despedida. Sus pasos eran firmes pero no excentos de ese aire de final, esa brisa extraña, un tanto amarga, que nos envuelve cuando sabemos que no hay retorno. Y no lo había.
Las sombras comenzaron a escurrirse entre los árboles y los fantasmas de noches vividas doblaban las esquinas al encontrarle, los primeros reflejos de la Luna le iluminaron el oscuro cabello, recortando una silueta alargada en el pavimento... No tenía miedo, sabía hace tiempo que el día llegaría, cruzó una angosta calle y apretó aún más el boleto dentro de su abrigo. Esa sería la última vez que aquel aire le rozara. El fin había llegado.
septiembre 10, 2006
El libro.
Érase una vez un libro perdido en la inmensidad del mundo. Cayó de algún bolsillo de un aficionado, o tal vez del brazo de un estudiante soñador, fue lanzado al vacío por un indolente, depositado como ofrenda de algún filósofo víctima de una crisis de sentido, tal vez fue él quien se lanzó al abismo tratando de redimir su alma de papel. Nadie lo recuerda. Los testigos, si es que los hubo, no le dieron mayor importancia al sacrificio, qué más da un libro roñoso y un poco amarillento.
Permaneció largo tiempo ahí, entre los adoquines del abandono, observando la enormidad a su alrededor, sin poder creer que había tanto espacio fuera de su ensoñado mundo de páginas derramadas. Pensó, por un momento, que su universo era demasiado pequeño y quiso perderse en el infinito, alejarse de su vida de celulosa procesada y ver el mundo desconocido que habitaba fuera de su forro de cuero raído. Y así emprendió el viaje...
Pasó de mano en mano, muchos encontraron en sus letras las respuestas a sus interrogantes, otros se fascinaron y hasta enloquecieron por sus palabras, recorrió ciudades completas, se relacionó con gente buena y mala, vivió en los suburbios, fue amigo del demonio y un venerado dios le hizo su acompañante, fue celebrado un día para él y tuvo reconocimiento en muchos lugares donde iba. Sin embargo el mundo se le hizo vacío y grisáceo, la gente hipócrita y alienada, desprovista de alma y espectativas. Su sueño de un mundo más grande se fue trizando con el tiempo, como las hojas que formabas su cuerpo.
La gente ya no se maravillaba con él, nadie lo leía, todos parecían preocupados por otras cosas, por una caja con imágenes en movimiento o algo así. Parecía inverosímil, el mundo era tan hostil y ajeno... Extrañó el mundo de tinta en sus páginas de ámbar, tan familiar, tan íntimo, tan propio. Ya no quiso ser otro autómata de aquel universo misterioso que le había olvidado con tanta facilidad, se cansó de la vida decadente y se abandonó en un escaño de cualquier parte... Fue ahí donde lo encontré...
(Solo con el transcurso de los silencios descubrimos que el mundo más inconmesurable es el que está dentro de nosotros)
agosto 04, 2006
Un segundo día como cualquiera
Hoy fue un segundo día como todos los segundos días de la vida, parecido al primero aún, pero ya sin ese aire de inicio, porque al fin y al cabo, nada comienza porque nada alcanza a terminar.
Nada mejor que llegar a la noche de un segundo día como cualquiera con un Robert Johnson tocando guitarra en tus oídos, invocando demonios de días posteriores. Ya sé, no tiene sentido... pero ¿para qué lo necesita?

