junio 09, 2010

Radiohead - Just

Me regalo en este día una de mis canciones preferidas de Radiohead y rememoro con ella el 26 de marzo del año pasado, la conclusión de un sueño de años frente a mis oídos.




"Don't get my sympathy hanging out the 15th floor
You've changed the locks three times, he still comes reeling through the door
One day I'll get you and teach you how to get to purest hell"


junio 08, 2010

Imperativo

Hey, tú. Te busqué, y al no encontrarte cerré los ojos e imaginé que te veía en la oscuridad. Sí, a ti, no a ti no, al de las gafas negras.

junio 05, 2010

La Casa de Asterión

Este cuento de Jorge Luis Borges es uno de mis preferidos en la vida, quizá porque yo también me siento un poco Asterión.





Y la reina dio a luz un hijo que se llamó Asterión.
Apolodoro, Biblioteca, III,I



Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito) están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aquí ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz  de la tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que ho hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, cro, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madra; no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera.


El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Loas enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprndiera a leer. A veces lo deploro, porque las noches y los días son largos. 

Claro que no me faltan distacciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suel, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos.) Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya verás cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.

No sólo he imaginado eso juegos, también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce [son infinitos] los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes, la casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris, he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce [son infinitos] los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo. 

Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensantgriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que alguna vez llegaría mi redentor, Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redeentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?
   
El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.


-¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió. 

febrero 19, 2010

Me fui por un año y se llenó de spams

He estado más de un año sin publicar nada en este medio, y en el transcurso de todos estos meses se me llenó el rancho de spams... lo que me hace temerle un poco a revivir el espacio virtual con algunas de las cosas que he pensado en este tiempo... quizá me arriesgue, no puedo pasar toda la vida jugando y viendo series en línea
Espero que algo mínimamente decente surja de este pseudo-renacimiento.

noviembre 18, 2008

Jay quería ser inteligente

Desde pequeña siempre quise saberlo todo, me interesaba por un sinfin de temas diversos y me maravillaba con cada cosa que lograba entender de la vida y del mundo. Quizá ahí surgió mi gran amor por la ciencia y por los libros, ahí fue cuando mi mundo conocido empezó a cifrar sus esperanzas académicas en mí. Terrible error, pienso ahora. Me iba bien, me encantaba estudiar (sigue gustándome hasta el día de hoy, sin embargo las motivaciones infantiles se diluyen cuando uno se comienza a poner viejo de espíritu) y disfrutaba de prácticamente todas las materias que pasaban en el colegio. Todo parecía un mundo gigante, inexplorado por una mente de escasos años que ve con mirada ingenua el conocimiento y pretende empaparse hasta con el más mínimo detalle de aquellos secretos que la vida le ha puesto ante los ojos. ¿Qué pasó en el camino? Tal vez solo se me vinieron las nubes negras encima y pensé que jamás iba a lograr entenderlo todo, y en vez de ser una motivación a la investigación, me convertí en una persona desesperada, desilusionada y nihilista. Ya no tenía sentido buscar los detalles, jamás iba a lograr saber todo lo que quería, jamás iba a lograr ser todo lo inteligente que soñaba. La niña que se tragaba libros desde los 4 años y se maravillaba con el universo se había perdido en un camino duro y rocoso, lleno de decisiones tomadas, quizá muy a la ligera, tal vez demasiado pensadas, con mucho cerebro y con poca alma. Y así esa niña que era la esperanza en el futuro se fue apagando, se volvió rutinaria y perdió el rumbo, ya no quería enfrentar los desafíos, se desdibujaba tras una imagen de superación ficticia y poco creíble. Jay ya no sabía ni siquiera si quería saber. Tal vez solo parecía inteligente, quizá nunca lo fue.

octubre 11, 2008

Vértigo: De lo patológico a lo paradójico.

Ficha Técnica:

Director: Alfred Hitchcock Productor: Alfred Hitchcock Productor asociado: Herbert Coleman para Paramount Guión: Alec Coppel y Samuel Taylor, según la novela De entre los muertos (Sueurs froides/D'entre les morts) de Pierre Boileau y Thomas Narcejac Fotografía: Robert Burks Música: Bernard Herrmann Montaje: George Tomasini Dirección Artística: Henry Bumstead y Hal Pereira Reparto: James Stewart (John "Scottie" Fergusson), Kim Novak (Madeleine Elster / Judy Barton), Tom Helmore (Gavin Elster), Barbara Bel Geddes (Midge), Konstantin Shayne (Pop Leibel), Raymond Bailey, Ellen Corby, Lee Patrick... Nacionalidad y año: USA 1958 Duración y datos técnicos: 124 min. Color. 1.85: 1.

Hablar de Hitchcock puede parecer sobreexplotado y hasta innecesario, sabiendo que es uno de los cineastas más geniales de la historia; sin embargo, siempre se puede hacer una lectura más que interesante de sus obras.

En el caso de “Vértigo” (1958), Hitchcock nos muestra, a través de un juego de planos en el que el espectador es capaz de sentir de la misma forma que Scottie Ferguson la acrofobia que lo lleva a la irracionalidad, una representación de cómo vemos los temores: los que muestra el personaje, y los nuestros propios, como receptores de un relato fílmico que, más que una representación del mundo, se convierte en una representación de la subjetividad, de la perspectiva del miedo, desde el espectador y el personaje, sensación que se entremezcla y llega a confundirse, transmitiéndose tan fiel y magistralmente.

La irracionalidad a la que conducen los temores, desde la muerte, el amor, el sexo, la obsesión, representada a través de un manejo de cámara en el que se aprovecha cada detalle del encuadre. La estética de la imagen, con grandes panorámicas de San Francisco, el uso de angulaciones en picado y el acercamiento/alejamiento de la cámara para provocar la percepción de mareo en altura; el manejo de los espacios y la fotografía, casi toda en tonos rojos y verdes, que le da a la película esa atmósfera delirante, acompañando de forma precisa un relato psicológicamente enfermizo, circular, reflejo de la locura; todo esto de la mano de una banda sonora que le da una atmósfera aún más estremecedora al filme, logrando evocar con el solo sonido de la música incidental, el dèja vû de un espacio.

El cambio de identidad, ese juego entre el pasado y el presente en el que gira la narración de esta falsa Madelaine poseída por Carlotta Valdés, el trastoque de la realidad, la esquizofrenia del sueño, estilísticamente tratado en una de las escenas más potentes del film, en la que se emula a través de múltiples planos, en los que giran imágenes oníricas, las elucubraciones más demenciales de Scottie, en una especie de sueño florido, casi como una revelación sobrenatural, una pesadilla vívida; esa bipolaridad de una Madelaine/Judy en la que se pierden los límites de lo real, de lo moral, de lo verosímil.

Hitchcock es un maestro en pasar al celuloide lo más insano de nuestras obsesiones y perversiones, decorando nuestra locura con los tiempos necesarios, con los espacios precisos y las imágenes adecuadas. Nos hace ver el miedo (al que tanto nos cuesta mirar y afrontar) como el motor de nuestra pérdida de conciencia, de nuestra irracionalidad, la paradoja de la vida y la muerte, la compulsión por la existencia y el amor enfermo no hacia una persona, sino hacia la idea de una persona inexistente (Madelaine o Judy Barton, como se le quiera llamar), la raíz nuestra más profunda demencia.

Sin duda Hitchcock sabe como enrostrarnos sutil y avasalladoramente, a través de un filme perfectamente concebido y desarrollado, lo más elemental de nuestra negación de la realidad (y de nuestra propia e indefensa desracionalización) a través de la idealización de un mundo que no se precia de tener los tintes que quisiéramos, un mundo en el que no cuesta mucho caer en la tentación de armar castillos en el aire y obsesionarse con ellos.

Trailer de Vértigo (1958)

junio 01, 2008

Dio tranquilamente el penúltimo mordisco al trozo de queque, cuando se encontró con la presencia intrusa, mordaz e irreverente de aquel trozo de cáscara de huevo, que burlonamente se mezclaba con las migajas, ocultando su esencia crujiente.

mayo 07, 2008

Le he tomado una especie de pánico a los lápices, casi como a los arácnidos, me cuesta concentrarme, es un esfuerzo enorme dar a luz alguna idea, pasar al papel y las letras lo que pasa por mi mente. Me complica el significante y el significado, sobre todo el significado; se me enredan los pensamientos, las frases, cada palabra se me hace una eternidad, un mundo demasiado complejo como para taxonomizarlo, me suena insuficiente, vano, coagulado, denso.
Tal vez la mente va muy rápido y la mano no alcanza a responder, tal vez el déficit atencional se incrementa en los mese impares y aún más en los días impares. Quizá la música recién recuperada me supera y domina las manos o pensar en quincemil cosas a la vez (por supuesto, la mayoría sin ninguna importancia); la cabeza llena de nubes y la psique llena de vaguedades, los ojos llenos de detalles, infinitos, irreductibles, insondables.

marzo 17, 2008

marzo 05, 2008

Paciencia

Estamos trabajando para Ud.